lunes, 23 de septiembre de 2013

Más emociones en un toque de color

Va aquí la segunda parte de las fotos que integran la serie “El color de la emoción”. Como ya dije antes, la marca de agua (JMR) no es parte de la imagen, sino un seguro para evitar que se pueda copiar y reproducir por la web sin mi consentimiento.
¿GRIS?
Gris es el color de la mediocridad, de la monotonía, del hastío. Qué errados estuvieron los que le pusieron el nombre al ave más deslumbrante de la costa argentina.
Pareja de cormoranes grises en la ría Deseado, Santa Cruz. 
YARETA
Planta extrema, planta oculta. Lejos de su apariencia, esconde mucho más de lo que muestra. Solitaria, paciente. Leña y verde de los ambientes más crudos.
Ingreso al parque nacional Perito Moreno, Santa Cruz.
EL VUELO DE LA GARZA
Un vuelo que nace, una esperanza que surge, para, desde lo alto, escapar del laberinto y mirar todo con claridad.
Garza mora y espátula rosada en los esteros del Iberá, Corrientes.
VIGILANTES ESPINOSOS
Los cardones custodian horizontes quebrados y neblinosos. Cordones montañosos que separan valles, ríos y gente. Gente que se atrevió a tender caminos, vincularse e ir más allá.
Paisaje en las cercanías de Angastaco, valles Calchaquíes, Salta.
DOS SIGLOS DE ADOBE
La Argentina profunda, a 3500 metros sobre el nivel del mar. La soledad del altiplano. El Peñón y sus 200 habitantes. 200 argentinos, 200 años después.
Casa en El Peñón, Catamarca.
AL FIN VUELO
Sin rumbo, libre y desprejuiciado. Volar, treparse al viento y dejarse llevar. Esa es la cuestión.
Espátula rosada y carpincho en los esteros del Iberá, Corrientes.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Por qué levanto la cámara

Un par de semanas atrás, mientras preparaba las fotos para exponer en Arte Espacio, pensé en hacer un texto para acompañar todas las imágenes que iba a mostrar. Una suerte de manifiesto, o declaración de principios, algo que dejara claro por qué quise exponer mi obra. Estaba manejando y lo grabé con el celular. Después lo transcribí, lo imprimí y lo pegué en mi stand de Arte Espacio, pero en un lugar bastante escondido, porque no sabía si a todo el mundo le iba a gustar. Al día siguiente, una artista de un stand vecino se acercó, lo leyó y me dijo sin dudar: “Está buenísimo, lo tenés que poner en un lugar más visible”. Lo releí y le di la razón. Acá lo comparto:

Por qué levanto la cámara
No me mueve, mi tierra, para amarte,
esa soja que guardás ahí escondida.
Me mueve tu gente, me mueven tus selvas, tus lagos, tus bosques.
Me mueven tus bichos.
Me mueve el yacaré, con su piel rugosa y verde, que se calienta al sol, mostrando sus colmillos.
Me mueve el carancho, denostado y maltratado.
Me mueve el soberbio cóndor, que muestra lo alto que pueden volar el negro y el blanco cuando están juntos.
Me mueve Sandro Llampa, me mueve Caro Lamas, me mueve Pedro Biott.
Me mueve el yaguareté Guacurarí, que cayó herido de muerte ante el escopetazo de un furtivo.
Me mueve el aguará guazú, con sus patas largas y su crin al viento.
Me mueve la vicuña, que desafía las alturas de la puna con su suave lana amarillenta.
Me mueve la ballena franca, me mueve el torpe y pendenciero elefante marino.
Me mueve el pingüino de Magallanes, y el de penacho amarillo.
Me mueve la garza mora, la espátula rosada y el enorme jabirú.
Me mueven nuestros pantanos, nuestros glaciares, nuestros desiertos, nuestra turba.
Me mueve esta tierra de contrastes, hermosa tierra de contrastes.
Me mueve la Argentina. Y en ella me mueve el mundo.
El mundo tal como se creó, seguramente más sencillo que el de hoy.
A ese mundo salgo a buscar.
Nota: La de la foto es Caro Lamas, miembro de la comunidad aborigen de Hornaditas. La ternura personificada en esta chiquita de siete años.

lunes, 16 de septiembre de 2013

«El color de la emoción»

En los últimos días de 2012, mientras el libro «Argentina, de punta a punta» estaba en imprenta, seleccioné algunas fotos que me gustaban particularmente. Eran imágenes que mostraban distintos ambientes del país, pero, sobre todo, transmitían emociones.

La primera que elegí era una toma sacada durante la navegación en lancha por el canal de Beagle, en Ushuaia. Una foto muy particular, obtenida prácticamente desde el nivel de un mar que estaba bastante movido, en la que se ven en planos sucesivos el oleaje, un islote rocoso colonizado por lobos marinos y, al fondo, los Andes fueguinos salpicados por manchones de nive. Entre el islote y las montañas asoma la punta del faro Les Ecleireurs. Se me ocurrió que ese era el centro de la foto, y que hacia él tenía que dirigir las miradas. Ahí decidí sacarle el color a toda la foto, y devolvérselo únicamente a la punta del faro.

El resultado me gustó mucho, y comencé a trabajar la misma técnica en otras imágenes. Así construí la serie «El color de la emoción», compuesta hasta hoy por trece fotos, que imprimí en papel fotográfico metálico para agregarles fuerza y dramatismo, y que quise acompañar por unos textos cortos. Estas frases, casi palabras sueltas en algunos casos, intentan complementar la imagen, para transmitir lo que a mí me genera cada una.

Esta es otra de las series que estoy mostrando en Arte Espacio hasta el miércoles 18, entre las 13 y las 22 hs. Acá van las primeras seis integrantes de «El color de la emoción», con sus textos. La marca de agua (JMR) es para que no se puedan copiar, sepan disculpar.

 
VERDE SAL

Allá en la puna, la tierra retiene a su gente, la cría, la amamanta. En ese lugar hostil, la vida es un misterio profundo. Y la belleza, inabarcable.

Ojos de mar en Tolar Grande, Salta.

 
SIEMPRE HAY UN FARO

Una luz entre la niebla, la vida que avanza y conquista lo inexpugnable. La seguridad que sólo se alcanza si se logra atravesar la turbulencia.

Faro Les Eclaireurs, canal de Beagle, Ushuaia.

 
LUNA DORADA

Los Andes juegan a las escondidas en la noche, la luna se viste de oro para pintar los viñedos y descubrir por allí algún amor furtivo.

Luna llena en Maipú, Mendoza.

 
SANGRE DERRAMADA

Tres cruces. Un pañuelo rojo sangre. La muerte, el honor. Dos bandos, dos caudillos, muchos gauchos. Y al final, todos juntos, en el mismo lugar.
Cementerio de Colonia Carlos Pellegrini, Corrientes.

 
EL ORIGEN

Agua. Apenas una gota. Traslúcida, pura, libre, necesaria, adaptable. El símbolo más acabado de la vida, tan frágil como perfecta.

Reserva Yabotí, Misiones.

 
LA MUERTE NO EXISTE

Las hojas de las lengas caen, mueren, se descomponen, desaparecen. Desaparecen. Pero la energía no se extingue. Vuelve, siempre reverdece.

Helechos en el parque nacional Tierra del Fuego.

 
ATARDECER EN EL CHARCO
El todo por la parte, un reflejo intencionado que muestra apenas una porción de la realidad. No hay hechos, hay interpretaciones.
Laguna de los Pozuelos, Jujuy.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Si no muestro lo que siento


“Si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro. He de gritarle a los vientos hasta reventar, aunque solo quede tiempo en mi lugar”, escribió el Flaco Luis Alberto Spinetta en «Barro tal vez». Yo hoy me siento así. Tengo una necesidad muy fuerte de mostrar lo que estoy haciendo, esas imágenes con las que me identifico y que, de alguna manera, me definen.

Arte Espacio se inaugura este viernes al mediodía y estará abierto hasta el miércoles 18 a las diez de la noche. Allí mostraré mis trabajos correspondientes a cinco series diferentes.

Aquí va la primera, compuesta por tres fotos en blanco y negro: una tranquila lagunita en el lago Del Desierto (en los Andes santacruceños), un cielo en Puerto Deseado (en la costa marítima de Santa Cruz) y un cardón en la comunidad aborigen de Hornaditas (cerca de Humahuaca, Jujuy). Son tres fotos que a mí me hablan de lo sobrenatural, me anuncian una presencia divina en la naturaleza. Ustedes dirán.

En estos días iré presentando las otras series.